Cómo una comunidad en Vieques responde a la crisis de vertederos en Puerto Rico

Por:
Camille Padilla Dalmau
Publicado en
October 21, 2022
Justicia climatica

Este artículo fue apoyado por la organización sin fines de lucro de periodismo Economic Hardship Reporting Project y se produjo en colaboración con Grist, una organización sin fines de lucro que cubre el clima, justicia, y soluciones. 

Con su hijo de seis meses balanceado sobre su cadera, Ana Arache camina por un bosque de árboles frutales en sus etapas iniciales en la isla de Vieques, frente a la costa este de la isla principal de Puerto Rico. Es julio. El sol calienta, y una brisa constante hace crujir las ramas de guayabos, tamarindos y mangós en crecimiento. Mientras se abre paso entre el paisaje tropical seco, Arache señala las flores rosadas del acerolo con una sonrisa formándose en su rostro. Los árboles ya han dado frutos, y las flores anuncian que vendrán más.

 

Arache entonces apunta al piso, gesticulando hacia el suelo marrón ceniciento lleno de aserrín. El material es producto de un programa que recogía escombros vegetales tras el huracán María y los compostaba. “Sembramos este arbolito con composta producida gracias al éxito [de nuestro programa]”, explicó Arache, la fundadora de Isla Nena Composta, una organización sin fines de lucro que gestiona el programa de compostaje de la comunidad de Vieques. 

 

Como el resto de Puerto Rico y su archipiélago, la isla de Vieques quedó devastada dos veces en septiembre de 2017; primero, por los fuertes vientos y la lluvia del huracán Irma, seguido dos semanas más tarde por el huracán María, que tocó tierra con categoría 4. El vistoso follaje verde que caracteriza a Puerto Rico desapareció. Los vientos de 155 millas por hora de María esparcieron ramas, hojas y troncos de árboles a lo largo de las calles, las aceras y las carreteras. 

 

En total, los huracanes Irma y María produjeron 2.5 millones de toneladas de escombros, según la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés), el equivalente de 2,5 a 3 años de uso del espacio disponible en los vertederos. 

El Gobierno necesitaba actuar con rapidez para despejar caminos entre los escombros, de modo que los primeros intervinientes y los seres queridos de las personas damnificadas pudieran llevar ayuda y artículos de primera necesidad. Por la prisa de mover los escombros, las agencias tomaron decisiones que acortaron la vida útil de los vertederos de Puerto Rico, los cuales ya estaban saturados. Movieron los escombros a las orillas de las carreteras y los dejaron allí sin separar sus materiales o desviarlos a lugares donde pudieran ser procesados o reciclados. Al final, la mayoría terminó en los vertederos. 

En los años subsiguientes, la crisis solo ha empeorado. A causa del cambio climático, los huracanes se están volviendo más intensos y frecuentes en el Caribe. El huracán Fiona, de categoría 1, que tocó tierra en el sur de Puerto Rico el 17 de septiembre, derribó árboles, casas y el tendido eléctrico y demostró cómo incluso tormentas menos potentes pueden saturar el espacio limitado de los vertederos del archipiélago. El Gobierno no tiene un plan de acción que abarque el archipiélago para solucionar el problema. Un estudio de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) estima que muchos de los vertederos de Puerto Rico alcanzarán su capacidad máxima de almacenamiento  en 2023.

Ahora, un grupo de organizaciones, incluidas algunas sin fines de lucro como Isla Nena Composta y Puerto Rico Composta Inc. y compañías como TAIS, se apuran para retrasar el abarrotamiento de los vertederos de la Isla.

Puerto Rico nunca ha sido muy bueno reciclando. La Ley para la Reducción y el Reciclaje de Desperdicios Sólidos en Puerto Rico de 1992 fijó como meta que se reciclara el 35 % de los desperdicios que se generan; en realidad, esa cantidad solo ha alcanzado de un 10 a un 15 %. En todo el territorio, el 44 % del material que termina en los vertederos es compostable; de esa cantidad, el 22 % es material vegetal, como árboles, grama cortada y arbustos.

“Con la crisis, las necesidades, llegó la oportunidad”, dijo Arache. “María fue el empuje para empezar a tomarnos en serio el compostaje.”

El Gobierno de Puerto Rico reconoció por primera vez su crisis de vertederos en la década de 1970. Dos agencias gubernamentales, la Junta de Calidad Ambiental (JCA) y la Autoridad de Desperdicios Sólidos (ADS), se crearon para hacerse cargo del problema. Sin embargo, desde su fundación, han sido obstaculizadas por presupuestos inadecuados, la escasez de personal y poderes limitados para implementar de lleno sus propuestas. La JCA y la ADS fueron absorbidas por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) en 2018 debido a las medidas de austeridad. Esto ha reducido el manejo de residuos sólidos de todo el archipiélago a una sola oficina del DRNA.

Dos terceras partes de los vertederos de Puerto Rico incumplen las regulaciones de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés). 

 

Cuando se construyeron muchos de los vertederos de Puerto Rico en las décadas de los 1950 y 1960, se diseñaron sin sistemas efectivos para reducir las emisiones de gas y las percolaciones de lixiviados (líquidos que se crean cuando los restos de comida y los escombros vegetales se descomponen). Las emisiones de gas contribuyen al cambio climático, mientras que las percolaciones de lixiviados pueden liberar metales pesados, amoniaco y otros componentes, que pueden ser tóxicos, radioactivos o mutagénicos en los cuerpos de agua o comunidades cercanas.

 

El vertedero de Vieques no es la excepción. Básicamente, cualquiera puede ir a botar sus desechos en diferentes secciones, tales como bolsas de basura residencial, chatarra, dispositivos electrónicos y muebles –incluso hay una parte para animales muertos–. La falta de un revestimiento del suelo apropiado que cubra la basura ha causado incendios en el vertedero, lo que afecta la calidad del aire en toda la comunidad.

 

Según la última evaluación de la EPA, el vertedero de Vieques no tiene revestimiento sintético (liner), una red que protege el suelo y las aguas subterráneas de la contaminación por lixiviados. Tampoco tiene un sistema de recolección de lixiviados o un programa de monitoreo de aguas subterráneas. La falta de monitoreo es significativa, dado que el vertedero queda adyacente al mar Caribe y a 8 km (5 millas) del sistema de aguas subterráneas más importante de Vieques. La casa más cercana se ubica solo a 54 metros (0,03 millas) de distancia y la escuela más cercana a 2 km (1,3 millas).

 

“Hay días en los que las moscas son insoportables”, dijo Melisa Molina, una empleada municipal que vive cerca del vertedero de Vieques. Pero lo que ha afectado su salud más aún ha sido los incendios en el vertedero. El humo “invade toda el área” y tiene un fuerte olor acre. Una vez, se volvió tan “insoportable” que tuvo que mudarse con sus padres al otro lado de la isla. “He tenido asma por 16 años y, obviamente, no ha habido ninguna mejoría”, añadió. Los puertorriqueños tienen índices de asma superiores a los de cualquier otro grupo étnico en Estados Unidos. 

Como archipiélago, Puerto Rico necesita con urgencia nuevas ideas para manejar sus estrategias de consumo y desperdicios. El terreno disponible es limitado, y es cuestión de tiempo que las comunidades se queden sin espacio para su basura. 

Ciertas prácticas como la incineración son altamente combatidas tanto por las comunidades como por las agencias gubernamentales. Esto significa que, según se van llenando los vertederos, el archipiélago debe o empezar a enviar basura al extranjero o renovar radicalmente su industria de reciclaje.

“La política pública que tenemos –y que hemos tenido– ha sido inestable e ineficiente”, dijo Francisco V. Aquino, abogado y miembro de Generación Circular, una coalición de organizaciones que abogan por políticas públicas que fomenten una economía circular en Puerto Rico, en un esfuerzo por reusar y reciclar productos de manera local lo más posible.
 

Generación Circular abogó recientemente por una ley (Ley 51-2022) que prohíbe algunos plásticos de un solo uso. La ley se aprobó en junio y entrará en vigor en 2024. El grupo también aboga por una legislación para establecer un fideicomiso de economía circular para la recopilación de datos, la fiscalización del desembolso de fondos públicos y la defensa de políticas públicas que prioricen la salud y el bienestar de Puerto Rico en vez de las ganancias económicas del sector privado.

 

Una parte del fracaso de la planificación, según Aquino, tiene que ver con la falta de integración comunitaria. “Hay parámetros establecidos de manera jerárquica que no toman en consideración lo que las comunidades pueden hacer, lo que están dispuestas a hacer, cómo fortalecer las comunidades para que puedan participar en esta economía, porque un aspecto importante de la economía circular es que los recursos no siempre terminarán en las mismas manos.”

Una de las soluciones más importantes es el desvío y reciclaje de material orgánico.

En los meses tras el paso de los huracanes Irma y María, el grupo de Arache, Isla Nena Composta, recibió aproximadamente 30 400 yardas cúbicas de escombros vegetales. Después de separarlos de los escombros de construcción y triturarlos, terminaron con alrededor de 17 000 yardas cúbicas de material vegetal limpio y descascarado. Finalmente, esa cantidad se redujo a 4 000 yardas cúbicas de composta, más o menos el tamaño de una piscina olímpica.

 

“Sin composta no hay paraíso”, dijo Arache entre risas, haciendo un juego de palabras con la famosa canción de salsa de El Gran Combo.

 

Describe la composta como “la piedra angular del ciclo de la vida” y cree que es necesaria para la supervivencia de la humanidad. Convertir materia orgánica –vegetación, restos de alimentos o desechos de origen animal –en suelo no solo aporta nutrientes a la tierra para producir comida, sino que también ayuda al crecimiento de los árboles y otras plantas cuyas raíces son esenciales para la retención de agua y la mitigación de inundaciones y otros desastres relacionados con el cambio climático.

 

Isla Nena Composta ha vendido su composta a jardineros locales y a proyectos agrícolas comunitarios, lo que le ha ayudado a sostener sus operaciones a esta organización sin fines de lucro por casi cinco años. Además, han donado composta a las escuelas para el desarrollo de sus huertos comunitarios. 

 

Isla Nena Composta es una alianza público-privada poco común. Las instalaciones de compostaje y el bosque de árboles frutales en ciernes están situados en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Vieques. De 1941 a 2001, este fue usado como campo de entrenamiento –de tiro y bombardeo– y almacenamiento de municiones por la Marina de Estados Unidos. Arache, que además es ingeniera y científica ambiental, explicó que antes de la intervención militar esta área consistía principalmente en bosques tropicales y humedales. La Marina cubrió el terreno donde se sitúa Isla Nena Composta con asfalto para construir una pista de aterrizaje. El asfalto se quitó después de que la Marina finalizó sus operaciones y se recicló para construir la carretera que ahora se conecta con el refugio de vida silvestre. Según Arache, el proceso transformó esta sección del parque en un bosque semiseco.

 

Actualmente, el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Vieques es gestionado por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (FWS, por sus siglas en inglés). La oficina local de la agencia federal le ofreció a la organización de Arache cinco cuerdas para el procesamiento de material vegetal y un acre adicional para el bosque de árboles frutales. El sitio de compostaje está lleno de pilas masivas de material vegetal –hojas, ramas, troncos de árboles–, cartones y tablas de madera. Desde el huracán Fiona, han recibido mucho más material. “Bello”, describió Arache vía correo electrónico.

Entre los materiales, una pequeña pila color marrón oscuro sobresale: lo que queda de la composta producida por los escombros vegetales del huracán María.

 

“Mi meta siempre ha sido lograr que Vieques recicle todo lo que es compostable para que no llegue al vertedero y lo podamos transformar en tierra fértil”, explicó Arache. “No solo en Vieques, mi sueño es lograrlo en Puerto Rico y el mundo entero,  pero tenemos que empezar por una comunidad a la vez.”

 

A menos de una milla de la pila de composta se hallan las oficinas locales del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU., dirigido por el biólogo Mike Barandiaran, quien gestiona el refugio. Es de Nueva York, de ascendencia chilena y nativoamericana, pero menciona con orgullo que Vieques ha sido su hogar por más de 20 años. Nos guía a través del refugio: millas y millas de follaje verde rodeado por el azul cristalino del mar Caribe. Donde quiera que vamos, hay caballos vagando alrededor. Barandiaran lleva plumas en su sombrero, que tomó de pájaros muertos tras el huracán María. Ha prometido vestir con ellas hasta que Vieques se recupere completamente del huracán.

 

Barandiaran rememora que conoció a Arache en 2012, cuando la administración de Obama formó el Grupo de Trabajo para la Sostenibilidad de Vieques (Vieques Sustainability Taskforce). Mientras que la mayoría de los esfuerzos de reciclaje se centraron en el manejo de papel, plástico y aluminio, Barandiaran recuerda que Arache preguntaba repetidamente: “¿Y qué hay de la composta?”

 

“Al final del día, se discutieron muchas cosas, se tomaron muchas decisiones y nada se llevó a cabo... pero ella nunca se fue”, dijo Barandiaran. “Siguió persistiendo, y ahora la conocemos como ‘Ana Composta’.”

 

Al principio, la intención de Arache era establecer un sitio de compostaje en tierras municipales, pero, en aquel momento, en la Alcaldía no reconocían su valor. “Se mostraron escépticos [y me preguntaron:] ‘¿Para qué? Eso no hace falta”, recuerda. Sin embargo, como biólogo que trabaja en conservación, Barandiaran entendió la visión de Arache y decidió colaborar.

 

Arache y Barandiaran fueron juntos a pedirle ayuda al alcalde de Vieques. A pesar de que no recibieron todo el apoyo, siguieron adelante con sus planes y, para el 2016, construyeron un sitio de compostaje en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Vieques con cuencas de retención e infraestructura. Pero cuando el huracán María tocó tierra tan solo unos meses más tarde, lo destruyó por completo.

 

Poco después del huracán, se reunieron de nuevo con el alcalde y le explicaron que podían usar el material vegetal derribado por el huracán; si no, este estaba destinado a parar en el vertedero municipal. Sin embargo, el alcalde no accedía. Arache y Barandiaran se reunieron después con FEMA y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (USACE, por sus siglas en inglés) para explicarles que tenían el espacio para recibir los materiales. Pese a que les tomó meses, finalmente el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos empezó a transferirle los materiales vegetales a Isla Nena Composta.

Una vez las agencias federales se pusieron de acuerdo, el alcalde también decidió apoyar el programa. “Cuando tienes una agencia gubernamental trabajando con una organización comunitaria, se complementan muy bien entre sí porque la agencia gubernamental puede reconocerla y darle legitimidad”, añadió Barandiaran.

 

En 2021, hubo un cambio en el gobierno local –y en su mentalidad respecto al compostaje–. José 'Junito' Corcino Acevedo, el actual alcalde, es un expescador comercial que anteriormente le ha comprado composta a Isla Nena Composta y entiende el valor del proyecto.

 

Por lo tanto, la Asamblea Legislativa de Vieques firmó una ordenanza que decreta que todo el material vegetal en Vieques debe ser procesado por Isla Nena Composta. El municipio, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. e Isla Nena Composta también firmaron un acuerdo colaborativo que le otorgó a la organización sin fines de lucro los servicios de un contratista municipal que recibe el material vegetal de lunes a viernes. Esto le permite a Isla Nena Composta contar con horas fijas y le da más tiempo a Arache para dedicar sus esfuerzos a la educación crítica y la recaudación de fondos.

El alcalde Corcino comenta que quería trabajar con Isla Nena Composta porque tiene el potencial de extender la vida útil del vertedero y de controlar los incendios en el basurero y porque reduce ciertos portadores de enfermedades, como las ratas, los mosquitos, las garrapatas y las cucarachas.

Después de que el huracán Fiona azotó la Isla el mes pasado, el municipio contrató a dos compañías para llevar escombros vegetales a Isla Nena Composta. “Ha sido nuestra salvación”, explicó Corcino Acevedo en una entrevista telefónica unas semanas tras el huracán. “Casi todo el material vegetal se ha llevado a Isla Nena Composta en vez de al vertedero.” 

 

“Esa es una gran cantidad [de material] que se está llevando a un lugar que no afecta la vida útil del vertedero”, dijo Corcino Acevedo. 

 

Entre el equipo requerido, la transportación y el costo de la mano de obra, el manejo de desperdicios sólidos es una industria cara. A medida que las organizaciones sin fines de lucro, los grupos comunitarios y los pequeños negocios locales intervienen para abordar la crisis de vertederos en Puerto Rico, se están encontrando con barreras financieras importantes.

 

Entre 2017 y 2021, los huracanes Irma y María, los terremotos y la pandemia empeoraron la crisis de vertederos en Puerto Rico, lo que llevó al gobernador Pedro Pierluisi a declarar una emergencia de vertederos a principios de 2021 y, con ello, a hacer disponibles los fondos para que los vertederos cumplieran con las regulaciones. Pero ha pasado casi un año, y no se ha distribuido ningún dinero. Las organizaciones comunitarias dicen que están teniendo problemas para acceder a esos fondos por la burocracia y la falta de comprensión sobre las condiciones locales por parte del gobierno federal. 

Según María V. Rodríguez Muñoz, directora del área de control de contaminación del terreno para el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico, actualmente la agencia planifica una vista pública para atender a organizaciones comunitarias y sin fines de lucro que trabajan con el manejo de desperdicios sólidos. 

 

Isla Nena Composta ha tenido que depender del equipo del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. para mantener sus instalaciones de compostaje y árboles frutales, pero carece del equipo para procesar la nueva materia prima que ha recolectado. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos contrató a una compañía para la trituración de los desperdicios vegetales causados por María, pero el contrato terminó poco después de que concluyeron las actividades de limpieza tras el huracán. Las trituradores industriales pueden costar cientos de miles de dólares, una cantidad de dinero que la organización no posee. Igualmente, la organización necesita fondos para entrenar y emplear a un personal capacitado. 

 

“El mayor reto es seguir operando con recursos limitados. Necesitamos el equipo básico para mover los materiales, triturarlos y poder vender [la composta], y de este modo sostener la operación”, señala Arache, que ha solicitado fondos públicos sin resultado alguno. Su meta es hacer que Isla Nena Composta sea viable financieramente. “Sí, lo estamos logrando, pero podríamos acelerar el proceso si el Gobierno nos apoyara con los subsidios que están disponibles que no llegan”, dijo. “El Gobierno federal tiene dinero. No sé qué pasa que no llega a donde tiene que llegar.” 

Mientras Puerto Rico sigue siendo azotado por tormentas intensas debido al cambio climático, y aumentan los apagones que causan desperdicios de comida y dañan electrodomésticos, invertir en soluciones resulta una necesidad imperiosa.

 

“El objetivo es que una ONG local pueda crear trabajos dignos para los locales”, dijo Barandiaran. “Cuando Isla Nena Composta opere como visualizamos, podrá generar 20 empleos [recurrentes]; esas son 20 familias beneficiadas.” Puesto que Vieques tiene 2405 familias, ayudar a 20 de ellas es esencial para contribuir a la retención de ciudadanos en una isla que ha sido afectada de manera severa por la recesión económica y la emigración y donde más de la mitad de su población vive en la pobreza.

 

Más allá de los contratiempos, Arache está comprometida con su misión porque cree que reciclar y compostar es esencial para la supervivencia de la humanidad.

 

“Si la Tierra recicla, si el universo recicla, entonces nosotros tenemos que reciclar para continuar con el ciclo de la vida.”

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