
Restaurar arrecifes de coral: Lecciones aprendidas en Puerto Rico y San Vicente y las Granadinas
Dos organizaciones de estos archipiélagos caribeños impulsan distintas técnicas, como viveros marinos y terrestres, para salvar estos ecosistemas cruciales
En el Caribe, organizaciones como ISER Caribe y Richmond Vale Academy (RVA) —que operan desde Puerto Rico, y San Vicente y las Granadinas, respectivamente— están abriendo camino a la innovación en la restauración de arrecifes de coral, aplicando estrategias pioneras que podrían permitir la supervivencia de estos ecosistemas cruciales.
Los arrecifes de coral no son solo paisajes submarinos de impresionante belleza; sirven como barreras vitales que protegen las costas y son una fuente de biodiversidad de valor incalculable. Sin embargo, las amenazas de la crisis climática y las enfermedades letales han devastado a estos ecosistemas.
Restaurar los corales en medio de una crisis climática es esencial. Estos esfuerzos no solo ayudan a las poblaciones de coral a recuperarse y adaptarse al cambio, sino que también evitan la extinción de especies, mejoran la conectividad de los arrecifes y facilitan la migración a nuevas zonas.
Desde un punto de vista social, estas iniciativas ofrecen oportunidades educativas, turísticas y económicas a las comunidades locales, a la vez que crean empleos en gestión ambiental mediante programas de formación y campañas de educación comunitaria.
Viveros marinos y terrestres

El Centro de Investigación y Restauración de Organismos Marinos (CIROM) de ISER Caribe, en Puerto Rico, hace hincapié en una visión holística al centrarse en todo el ecosistema, y no solo en los corales. Integran especies marinas —como erizos de mar y cangrejos— que mantienen el equilibrio en el ecosistema del arrecife, al controlar el crecimiento de las algas. Este equilibrio es esencial para la supervivencia de los corales, ya que las algas no solo les impiden recibir la luz solar necesaria, sino que pueden llegar a asfixiarlos.
Los esfuerzos del centro por restaurar las poblaciones de erizos de mar —que sufrieron un descenso del 98% a finales de los años ochenta— son vitales en este método de restauración holística. El año pasado, la iniciativa del CIROM en La Parguera —en la costa suroeste de Puerto Rico— plantó más de 10,000 fragmentos de coral e inició un programa de cría de erizos de mar para impulsar la salud del ecosistema.
Los corales tienen dos formas de reproducirse: sexual y asexual. El método asexual se realiza en el vivero, en tierra firme; es un método pionero del CIROM que permite la propagación del coral. Este método copia el proceso natural en el que un coral se divide y forma otra colonia genéticamente igual a la colonia madre.
En sus viveros terrestres de La Parguera y Ceiba —en el este de Puerto Rico—, el equipo de CIROM utiliza esta microfragmentación en corales que han sufrido impactos por encallamientos, que han sobrevivido a enfermedades o que están en peligro de extinción, para acelerar el crecimiento y la resistencia del coral.
“Nos centramos en corales masivos, los fragmentamos y los colocamos en placas de cemento para formar colonias más grandes en mucho menos tiempo”, explicó Jorge Casillas, director de operaciones del CIROM.
Estos viveros controlan la temperatura, proporcionando un entorno seguro para que los corales crezcan libres del estrés de los episodios de blanqueamiento oceánico.
En San Vicente y las Granadinas, la Academia Richmond Vale colabora con CLEAR Caribbean Ltd., una empresa sin fines de lucro centrada en la lucha contra la degradación medioambiental y la vulnerabilidad humana a la crisis climática.
La Academia y CLEAR Caribbean colaboran en la creación de viveros marinos. Juntos, su trabajo se ha centrado en la recuperación de los corales cuerno de alce y cuerno de ciervo, casi aniquilados por la enfermedad de la banda blanca en la década de 1980. El director del proyecto, Tobias Herberg, explicó que, a pesar de las dificultades —como erupciones volcánicas y huracanes—, la propagación de corales de la RVA había registrado una tasa de supervivencia del 85% antes del blanqueamiento que comenzó en septiembre de 2024, con 18,000 fragmentos replantados. Debido a la dispersión de las distintas zonas de repoblación en las Granadinas, es difícil calcular la superficie exacta que se está restaurando. En San Vicente, sin embargo, la superficie restaurada alcanza aproximadamente los 74 acres.
Sin embargo, no hay victoria permanente en esta lucha medioambiental: este reciente blanqueamiento —que duró hasta este mes de febrero— causó cerca de un 90% de mortalidad tanto en los fragmentos de vivero como en las colonias de origen natural. Herberg dijo que actualmente se están centrando en hacer sondeos semanales para intentar localizar supervivientes, así como explorar la posibilidad de crear un vivero en tierra donde las condiciones puedan controlarse más fácilmente.
Participación de las comunidades costeras

La labor del CIROM se apoya en la divulgación educativa, que incluye programas de prácticas e iniciativas de voluntariado. Estos esfuerzos pretenden que las generaciones futuras se comprometan con la conservación marina. Las iniciativas del centro en Ceiba también han avanzado, duplicando su capacidad de energía solar y ampliando sus instalaciones de viveros para garantizar la supervivencia de las especies de coral en condiciones climáticas extremas.
La RVA también ha adoptado una visión holística de la restauración del coral, incorporando a las comunidades locales al proceso. Sus buceadores certificados, capitanes de barco y voluntarios desempeñan un papel fundamental en el éxito de los viveros y los programas de plantación de coral en San Vicente y las Granadinas. En total, 16 residentes de comunidades costeras de la parte continental de San Vicente han sido contratados a tiempo parcial como buceadores gracias a sus certificaciones PADI.
Una pieza del rompecabezas de la restauración

A pesar de su éxito, Jorge Casillas, de ISER Caribe, advierte que esta técnica es sólo una parte de una solución más amplia. En otros viveros, como el de La Parguera, se está experimentando con la reproducción sexual de los corales, lo que añade una capa adicional de diversidad genética al proceso.
“No es la solución completa, pero es una pieza del rompecabezas”, explicó.
ISER Caribe está ampliando las instalaciones del CIROM en Ceiba y mejorando sus capacidades de laboratorio para acelerar la recuperación de los arrecifes. En este laboratorio, los científicos del CIROM perfeccionan las técnicas para mejorar la capacidad de recuperación de los corales.
Mientras, los esfuerzos en San Vicente y las Granadinas son igualmente una gota en el océano, según Herberg, director del proyecto, ya que quedan muchos kilómetros de corales por estudiar y reponer. Según el investigador, este proceso tomará muchos años y exigirá grandes recursos financieros. Herberg dijo que no hay un estimado fijo de lo que se necesita para el proyecto, ya que se sigue ejecutando por fases, a medida que llegan los fondos.
A pesar de los retos que se avecinan, la RVA y los organismos de apoyo siguen prestando la ayuda necesaria en áreas críticas para garantizar una mayor sostenibilidad. Sin embargo, a largo plazo dependerá en gran medida del nivel de apoyo financiero disponible. La RVA recibe financiación del Fondo para la Biodiversidad del Caribe, y ha solicitado otras subvenciones que aún no han sido aprobadas. Mientras tanto, su personal ha puesto en marcha un programa de conservación marina al que la gente puede adherirse pagando una cuota. El dinero recaudado a través de este programa permite a la RVA realizar su trabajo incluso si se interrumpe la financiación externa.
Caribe regional: asociaciones para la restauración

El trabajo de ISER Caribe no existe en el vacío: forma parte de un movimiento más amplio en todo el Caribe, donde múltiples organizaciones y organismos gubernamentales están iniciando colaboraciones para hacer frente a la crisis de los arrecifes. La Fundación MAR de la República Dominicana, por ejemplo, ha desarrollado programas similares de restauración de corales, centrándose en la Acropora cervicornis, una especie ramificada que proporciona hábitats clave para la vida marina.
En Jamaica, la Alianza para la Conservación del Coral ha trabajado en la restauración de arrecifes plantando fragmentos de coral en estructuras artificiales, una técnica que ha dado resultados prometedores.
En San Vicente y las Granadinas, la RVA está estudiando distintas posibilidades de compartir fragmentos entre las islas caribeñas, en colaboración con el Gobierno, según Herberg. Están clasificando fragmentos de coral de islas cercanas donde los corales son más resistentes y han resistido el temporal a pesar de las temperaturas más cálidas.
La justicia climática implica abordar el impacto desproporcionado del cambio climático en las comunidades vulnerables. La restauración de los arrecifes de coral se alinea directamente con estos principios, ya que unos arrecifes sanos pueden proporcionar recursos críticos y protección a las comunidades costeras. Después de todo, el 25% de toda la vida marina depende de los arrecifes de coral, y actúan como barreras naturales que protegen las costas de las olas, las tormentas y la erosión.
Restaurar los arrecifes de coral es una carrera contrarreloj que requiere innovación constante y colaboración regional. Los esfuerzos combinados de ISER Caribe, RVA y otras organizaciones caribeñas demuestran que los arrecifes de coral pueden salvarse, pero sólo si se mantienen los recursos, el apoyo y la acción colectiva.